lunes, 14 de julio de 2008

¡¡¡Increíble!!!

Algunos nos quejamos de que la educación científica en nuestro país es, simplemente, lamentable. Lo cierto es que, por lo visto, podemos decir aquello de mal de muchos...

La verdad, no sé cómo comentar el vídeo que enlazo a continuación. Ni siquiera disimula el hecho de que no esté en castellano...

"Si Copérnico levantara la cabeza..."

Es lamentable que alguien pretenda participar en un concurso "cultural" y falle una pregunta como esa. Es lamentable que la mitad del público del plató sea capaz de dar la respuesta equivocada... Pero es más lamentable aún que una pregunta como esa sea considerada de dificultad suficiente como para que la recompensen con ¡¡¡1500 €!!!

viernes, 27 de junio de 2008

Una imagen vale más que mil palabras

Y suele ser verdad, también en la ciencia. Hay muchos ejemplos que lo demuestran, pero hoy tenemos uno de las ciencias ambientales.

El desarrollo de los satélites artificiales ha permitido que tengamos una imagen de nuestro planeta totalmente diferente a la que teníamos antes. Basta con pensar que la primera foto que se hizo de la Tierra desde uno de esos aparatos fue la primera evidencia directa de que, efectivamente, tenía forma esférica. Claro que, para entonces, la cantidad de pruebas que se habían acumulado era abrumadora, y que nadie capaz de comprenderlas podía tener ninguna duda sobre su veracidad... pero no todo el mundo era capaz de comprenderlas.

En la actualidad la teledetección, que es el nombre que se da a las técnicas de recogida de datos desde una cierta distancia, en particular desde el espacio, constituye una de las herramientas más valiosas de las Ciencias Ambientales. En este ejemplo recogido en Público y centrado en África podemos ver lo que se puede deducir de una de las formas más sencillas de aplicar esta técnica: tomar fotografías del mismo punto en momentos distintos.

El primer par de fotos muestra la extensión de los glaciares del Kilimanjaro, una de las montañas más altas de África, con treinta años de diferencia. Lo único que hay que hacer es fijarse en la extensión del color blanco para darse cuenta de hasta qué punto se ha reducido la superficie cubierta por el hielo. Piensa que, puesto que conocemos la altura desde la que se ha tomado la foto, podríamos medir (palabra mágica) la superficie en ambos momentos, y calcular (también palabra mágica) la magnitud de ese cambio. Medir y calcular son palabras mágicas porque nos permiten pasar de una observación habitual a una de carácter científico.

Las siguientes fotos, de la 3 a la 6, también hablan por sí mismas: nos muestran que, en una ocasión, existió un lago llamado Chad. Ahora es solo historia, y una tragedia para quienes no pueden utilizar los recursos hídricos que les proporcionaba.

Las fotos 7 y 8 necesitan un poco más de atención, porque no son directamente comparables: esfuérzate en ver, en la primera, la parte urbanizada de la península. Una pista: fíjate en las estructuras excesivamente regulares, que aparecen en el extremo sur (junto al puerto). La segunda foto de la pareja es mucho más clara. Y también evidente. La superpoblación, y la destrucción del medio que la acompaña, es uno de los grandes impactos que la humanidad genera, no solo a escala local; para alimentar la población que vive en la ciudad, en este caso Dakkar, es necesario traer los recursos de un área cada vez más amplia. Ese es, más o menos, el concepto de huella ecológica.

Por último, de solución a problema: la presa que se construyó, precisamente, para evitar las inundaciones incontroladas se ha convertido en la responsable de un problema mucho mayor que el que trató de evitar.

Estas fotos apenas rozan las posibilidades de la teledetección. La imagen que vemos solo nos muestran una pequeña parte de la realidad que nos rodea, pero nosotros hemos sido capaces de desarrollar sensores que nos informan de otras características. Por ejemplo, "fotografiar" con luz infrarroja nos informa sobre la temperatura del objeto; obtener imágenes de radar nos da información sobre la naturaleza de las nubes y, por lo tanto, sobre las posibilidades de que den lugar a lluvia...

Estamos de vuelta

Después de mucho tiempo (demasiado) sin escribir aquí, básicamente por falta de tiempo, trataré de volver a hacerlo. Intentaré, durante el verano, ir escribiendo sobre algunas de las noticias científicas que vayan apareciendo en los medios de comunicación. Y es que es puro vicio...

Leído en "Público": La flora escala por el calentamiento global

La verdad, la primera lectura del titular resultaba un poco confusa, pero la noticia es interesante. Se trata de que el cambio climático, y el calentamiento que provoca, están provocando que los bosques "emigren" buscando mejores condiciones de vida.

No se trata, evidentemente, de que los árboles cojan sus cosas y se muevan montaña arriba, sino de que, en los años estudiados, se ha podido observar un crecimiento diferencial del bosque en una dirección privilegiada. Elaboremos un modelo simple para entenderlo. Supongamos que las plantas que forman el bosque distribuyen sus semillas por igual en todas las direcciones (es una simplificación, pero por eso es un modelo). Cuando las semillas alcanzan el suelo, se encuentran con diferentes condiciones ambientales; algunas de ellas favorecerán el crecimiento de la nueva planta, otras lo impedirán. Por ejemplo, si la semilla cae sobre una carretera, o dentro de un río, es bastante probable que no llegue a germinar. En cambio lo hará si cae en suelo fértil y húmedo. Estos ejemplos también son una simplificación. Lo más habitual es que las semillas se encuentren que, en determinados terrenos, su crecimiento es más fácil o más rápido que en otros. Recordemos que esto, y no otra cosa, es la selección natural. En cualquier caso, casi siempre hay una característica del medio que es la que, al final, tiene más importancia a la hora de que la planta sobreviva o no. Ese es el factor limitante.

En pocas palabras hemos pasado de la teoría de la Evolución a la Ecología. ¿Será porque están totalmente relacionadas?

Vamos ahora al caso de los bosques. Deberíamos saber que la temperatura, en una montaña, va disminuyendo a medida que aumenta la altura. Eso se debe, por cierto, a que la atmósfera se calienta desde abajo. Así que las plantas, en una montaña, se distribuyen formando franjas más o menos horizontales, que se denominan pisos de vegetación. En realidad, los pisos no son horizontales: están más bajos por el lado que no recibe tanto sol (el norte, en nuestro hemisferio) y más altos por el otro. Ya acabamos: el crecimiento del bosque, en este caso, está determinado por la temperatura. Esto significa, ni más ni menos, que los árboles de la zona más baja (más cálida) viven con mayores dificultades, y se reproducen menos, que los que se encuentran en la parte más alta, y más fría. Esta es la relación entre el cambio climático y el viaje de los bosques hacia la cima de las montañas. Otra prueba más.

viernes, 8 de febrero de 2008

Evolución y Religión

De vez en cuando se reproduce una vieja polémica sobre la relación entre la Teoría de la Evolución y la Religión. Desde luego, no es un tema nuevo: el enfrentamiento entre las dos posturas empezó en el mismo momento en que Darwin presentó su trabajo, y los primeros en oponerse fueron los obispos de la Iglesia de Inglaterra.

Frente a la hipótesis científca presentada por Darwin, y la acumulación de pruebas de todo tipo que los biólogos han ido reuniendo en más de 150 años, quienes sostienen las posturas religiosas, el creacionismo, han presentado una hipótesis que trata de combatir la teoría evolutiva en su mismo terreno, la ciencia. Se trata de la hipótesis del diseño inteligente.

Empecemos por el principio, ¿es el diseño inteligente una teoría científica? Eso es tanto como preguntar qué es la ciencia. Es difícil de contestar, aunque Karl Popper, un filósofo de la ciencia del siglo XX puede echarnos una mano. Según él, la ciencia no puede asegurar, en ningún caso, que una hipótesis es verdadera. Pero esto no significa que no pueda ayudarnos a conocer la verdad. ¿Cómo? Pues dándole la vuelta a la situación: si no sabemos si algo es verdad, al menos podemos saber que no es falso. En muy pocas palabras, esto es el principio de falsabilidad. Digámoslo de otra forma, para dejarlo más claro: la ciencia es muy exigente. Nunca afirma que sus resultados sean ciertos, pero para que, como mínimo, consideremos que una afirmación es científica, tenemos que demostrar que no es falsa. Así que cuando un científico, en cualquier campo, hace una afirmación, también tiene que proponer un modo de demostrar que no se cumple.

¿Qué pasa con el diseño inteligente? Lo que dice la teoría es relativamente sencillo de entender: observemos a nuestro alrededor. Los organismos que podemos ver son tan perfectos que no podemos creer, de ningún modo, que hayan aparecido por azar.

¿Es ciencia? No, porque no es falseable. ¿De qué modo podríamos comprobar que no existe un diseñador? La propia teoría nos lo hace imposible, porque se encarga de decirnos que ese diseñador no es observable. Y la ciencia tiene que basar su desarrollo en la observación. Así que, para empezar, no sabemos si la teoría del diseño inteligente es cierta o no, pero sí sabemos que hace trampas: utiliza unas reglas diferentes a las de la teoría científica que pretende contradecir. Es como si en un partido de fútbol un equipo jugara con once jugadores y el otro con quince.

Pero, aun concediendo la ventaja de las reglas distintas, la ciencia cuenta aún con razones suficientes como para rebatir la teoría del diseño.

En primer lugar, el diseño inteligente es argumentativo. Esto significa, simplemente, que no descansa en pruebas, ni en observaciones, sino en interpretaciones que sus defensores hacen de los hechos. ¿Qué significa decir que un organismo es perfecto? ¿Cómo medimos esa perfección?

En segundo lugar, no explica los hechos, sino que solo utiliza las observaciones que le interesan. Pensemos, por ejemplo, en la estructura del aparato respiratorio y digestivo de los tetrápodos. Todos los animales de este grupo respiramos por pulmones, y en todos se produce una característica peculiar: la entrada de aire hacia los pulmones conecta con la entrada de alimentos. Esto puede suponer problemas graves: no hay más que pensar en los atragantamientos que todos hemos sufrido alguna vez. Un atragantamiento es, simplemente, la obstrucción de las vías respiratorias por un trozo de alimento que ha seguido un "camino equivocado". Y, sin embargo, no hay ninguna razón fisiológica que haga necesaria esa comunicación de vías respiratorias y digestivas. Si pidiéramos a un médico, o a un biólogo, que diseñara estos aparatos partiendo de cero seguramente los separaría por completo. La justificación para esta unión es simplemente histórica: los pulmones de los tetrápodos han evolucionado a partir del tubo digestivo, razón por la cual no se han separado totalmente.

Otro inconveniente del diseño inteligente es su imprecisión. ¿Qué significa imposible? ¿Quiere decir que, literalmente, la probabilidad es cero? ¿O que es muy baja? Y si no es cero, ¿por debajo de qué nivel aceptamos la incredulidad?

Una más, por no seguir demasiado, aunque esta objeción es importante: la evolución biológica no es, ni mucho menos, un proceso aleatorio. Ante todo, se trata de un proceso histórico, lo que quiere decir que aprovecha los resultados que se han producido con anterioridad, y trabaja sobre ellos. Trataré de explicarlo con un modelo, la fórmula 1.

Igual que ocurre con la evolución, los ingenieros de la fórmula 1 trabajan "a ciegas" (seguramente ellos no estarán demasiado de acuerdo, pero podemos suponer que nos basta). Se enfrentan a un conjunto de problemas más o menos comunes en un entorno cambiante (eso incluye las propias reglas de la competición) sin saber, antes de empezar a trabajar, cuál es la solución óptima. Esta es, precisamente, la diferencia con el diseño inteligente, ya que esta idea sí que supone al diseñador un conocimiento de esa solución. Más aún, seguramente no hay una solución óptima, lo que se ve cuando varios coches pueden obtener resultados parecidos utilizando estrategias diferentes.

Como pasa con la evolución, los ingenieros nunca empiezan a trabajar desde cero. Incluso cuando empezó a existir la fórmula 1, ya existían los coches. Y éstos evolucionaron a partir de los carros, lo que explica algunas de las características que aún tienen...

La mayoría de los cambios que se introducen en un fórmula 1 son pequeños, poco importantes cuando se consideran de uno en uno. Y en casi todos los casos, hasta esas pequeñas novedades (la forma o el tamaño de los alerones, la posición de los espejos...) no funcionan de forma totalmente correcta cuando se introducen en el coche, y van sufriendo mejoras como resultado de las pruebas, que seleccionan las versiones más apropiadas.

A veces aparecen cambios bastante revolucionarios. Por ejemplo, Tyrrell utilizó un coche con seis ruedas en el año 1976. Sin embargo, lo más habitual es que cambios tan importantes no funcionen (los coches siguen con las tristes cuatro ruedas). Otras veces, el cambio en las condiciones en las que ocurre la competición (por ejemplo de sus propias reglas) puede provocar que todo un tipo de coches desaparezcan rápidamente. Eso pasó con el turbo, o el efecto suelo. Casi casi podemos cambiar lo dicho sobre la fórmula 1 y aplicarlo directamente a los seres vivos.

En fin, el diseño inteligente no es ciencia. Y si lo fuera, sería mala ciencia porque no define su propia hipótesis, porque no establece cómo comprobarla y porque ni siquiera define adecuadamente la hipótesis contra la que pretende luchar. ¿Quiere decir eso que no hay que creer en la religión? No necesariamente. Precisamente, esa es una de las trampas de la teoría del diseño: las creencias religiosas no tienen por qué ser racionales, así que no dependen de los hechos, ni de las observaciones, ni están sujetas al método científico.

Eso sí, la mayoría de los científicos, especialmente los evolucionistas, parecen ser bastante escépticos respecto a la existencia de un dios "personal", es decir, concreto y separable de conceptos generales como "la naturaleza". En un reciente estudio, solo un 10% de los científicos entrevistados reconocieron creer en Dios. El porcentaje bajaba a un 5% entre los biólogos.
Más aún, solo un 3% de los biólogos que fueron preguntados consideraron que la evolución y la fe en Dios son totalmente compatibles, aunque algunos aún lo intentan con todas sus fuerzas. Entre ellos se encuentra Francisco Ayala, uno de los evolucionistas más importantes del siglo XX, español pero residente en California desde hace décadas. Para él, la naturaleza no puede ser explicada por un diseño realizado por Dios:

"El mundo está lleno de imperfecciones, defectos, sufrimiento, crueldad y aun sadismo. La espina dorsal está mal diseñada, los depredadores devoran cruelmentee sus presas, los parásitos sólo pueden vivir si destruyen a sus huéspedes, quinientos millones de personas sufren la malaria y un millón y medio de niños mueren por su causa cada año. No parece apropiado atribuir los defectos, la miseria y la crueldad que predomina en el mundo vivo al diseño específico del Creador. Más. El 'creacionismo' literalista de los seis días no es compatible con la creencia cristiana en un Dios omnipotente y benévolo, en tanto que la teoría de la evolución sí es compatible. Como las inundaciones, las sequías u otras catástrofes físicas son una consecuencia necesaria de la estructura del planeta, los depredadores y los parásitos, las disfunciones y las enfermedades son consecuencia de la evolución de la vida. No son el resultado de un diseño deficiente o malévolo: las características de los organismos son resultado de la selección natural. Se funda ésta en el cambio genético; depende de mutaciones espontáneas; es oportunista; la modulan la historia pasada de los organismos y las exigencias del medio; y es creativa, de modo que da lugar a auténticas novedades, organismos y sus características"

(Investigación y Ciencia, febrero 2008)

En resumen: la fe es libre, la ciencia no. La ciencia se sujeta a los hechos, pero por eso mismo no puede ser negada más que por los hechos. En esto, también es conveniente dar al César lo que es del César.

miércoles, 30 de enero de 2008

El cerebro, ese gran desconocido

Llega una noticia sorprendente relacionada con el funcionamiento del cerebro: un grupo de médicos, tratando de reducir el apetito de un paciente, han conseguido que recupere parte de la memoria que había perdido.

La verdad es que el hallazgo no debería ser demasiado sorprendente. Casi todo lo que sabemos del funcionamiento del cerebro lo hemos aprendido gracias a enfermedades que afectan a una zona pero no a otras o a "golpes" de suerte, a veces en el sentido más literal de la expresión. Posiblemente el caso más llamativo sea el del minero al que un barreno le atravesó la parte anterior del cerebro (¡sin matarlo!). El pobre hombre, a partir de ese momento, perdió toda su libertad de acción, era incapaz de desobedecer cualquier orden, fuera cual fuera. Por cierto que ese accidente permitió el desarrollo de una técnica médica, afortunadamente abandonada, llamada lobotomía. Con un pequeño pinchazo, que se realizaba solo con anestesia local, se conseguía que los "pacientes" se volvieran sumisos y obedientes. Desgraciadamente, se utilizó mucho con enfermos mentales.

El caso es que solo tenemos una idea muy aproximada de qué es lo que ocurre en el interior de nuestra cabeza. Sabemos que el cerebro está formado por dos tipos de células, las neuronas, que son las que "piensan" y las células de glía, que son algo así como sistemas de mantenimiento para ayudar a las neuronas a hacer su trabajo. Las neuronas están conectadas entre sí por una compleja red de conexiones, que llevan información de unas a otras. Una neurona puede estar unida a más de cien mil células diferentes, lo que nos da una idea de lo complicado que es lo que ocurre ahí dentro.

Parecemos estar relativamente seguros de que lo importante no son las neuronas individuales, sino las "redes" que forman entre ellas. Como solemos comparar lo que no entendemos con lo que más de moda está, es habitual comparar las redes de neuronas con redes de ordenadores. De esta forma, pequeños grupos de neuronas localizadas en regiones concretas del cerebro se encargarían de funciones concretas: la visión se produce, curiosamente, en la parte posterior del cerebro, en el lóbulo occipital, el oído reside en los lóbulos temporales o la capacidad de hablar se localiza en una pequeña zona del lado izquierdo del cerebro, próxima a la oreja, llamada área de Brocca... Muchas de estas zonas han sido identificadas estudiando a enfermos que habían perdido estas capacidades, aunque la tecnología actual nos permite observar la función cerebral sin necesidad de recurrir a esos casos.

Lo que se intentaba en este caso era introducir un electrodo para estimular el hipotálamo. La base de la técnica es que las neuronas se comunican entre sí mediante impulsos eléctricos, así que provocar pequeñas descargas eléctricas en su proximidad hace que se activen. Por otra parte el hipotálamo es una zona del encéfalo (no del cerebro) situada en la parte inferior y central del cráneo, en la que residen las funciones más "primarias", que realizamos conscientemente pero que son necesarias para mantenernos con vida, por ejemplo comer. Lo más sorprendente de la noticia es que se haya modificado precisamente la memoria, una función cerebral acerca de cuya localización no se tenía demasiada idea. De hecho, algunas teorías sostenían que no está localizada en un área concreta, sino que en su funcionamiento interviene todo el cerebro.

¿Permitirá este descubrimiento curar a los enfermos de Alzheimer? Esa es una cuestión mucho más delicada. Lo que sí se sabe acerca de la memoria es que funciona de forma diferente a corto plazo y a largo plazo. Una vez que tenemos una experiencia, en el sentido más amplio del término, se incorpora a nuestra memoria a corto plazo. Sin embargo, que este recuerdo permanezca o no dependerá de diferentes factores, entre otros nuestro interés en él. En todo caso, si el recuerdo se incorpora a nuestra memoria a largo plazo permanecerá allí prácticamente siempre; lo que llamamos olvido suele ser la dificultad de "evocar" ese recuerdo, de traerlo a primer plano y revivirlo.

Los enfermos de Alzheimer, más que la memoria a largo plazo, parecen tener alterada su capacidad de organizar sus recuerdos: en los momentos de crisis, no son capaces de acordarse de lo que acaban de hacer, o de reconocer incluso a las personas que conviven normalmente con ellos. Sin embargo, recuerdan cosas que les ocurrieron hace décadas, o confunden a personas que acaban de ver con otras que pudieron morir hace años. El descubrimiento de los médicos canadienses parece facilitar la evocación de recuerdos lejanos, lo que no tendría demasiado que ver con esta enfermedad. Sin embargo, algo avanzamos: ya tenemos una idea de qué botón tocar para "llamar" a nuestros recuerdos ¿Servirá para preparar exámenes?

domingo, 27 de enero de 2008

La NASA y la extinción de los dinosaurios

No, desde luego que no fue la NASA la que provocó la extinción de los dinosaurios, pero la observación desde el espacio puede proporcionarnos información importante acerca de cómo desaparecieron estos organismos.

En la actualidad, casi todo el mundo parece convencido de que el fenómeno que finalmente causó la extinción más conocida (aunque no la más importante) de la historia de la Tierra fue un cambio climático producido por el oscurecimiento de la atmósfera. La prueba más importante para sostener esta hipótesis es una delgada capa sedimentaria que se encuentra justo en el límite K-T, es decir, entre el Cretácico y el Terciario, que tiene una proporción de iridio mucho mayor de lo que es habitual en los materiales de la corteza terrestre. Sin embargo, no es fácil explicar la procedencia de este elemento, porque puede tener dos fuentes distintas. La composición de esta capa recuerda tanto a la de algunos tipos de meteoritos como la del interior de la Tierra, tal y como la podemos observar a través de las erupciones volcánicas.

Cualquiera de esos procesos habría producido un oscurecimiento de la atmósfera debido a la formación de cenizas en suspensión, así como un aumento de la nubosidad. Posiblemente el descenso de la temperatura que siguiera a este proceso pudo provocar la extinción de unos organismos incapaces de adaptarse a los cambios climáticos.

En cualquier caso los científicos siguen preguntándose cuál de los dos fenómenos pudo provocar el cambio climático, y las noticias se suceden unas a otras a gran velocidad. Si hace apenas unos meses parecía que había nuevas pruebas a favor de la hipótesis volcánica, ahora la NASA afirma haber recogido, desde el espacio, otras a favor de la teoría del meteorito. Imágenes de satélite relacionadas con estudios sísmicos parecen indicar que un cráter situado en la península del Yucatán, el Chicxulub, tiene la suficiente profundidad como para explicar por sí solo el enfriamiento necesario para provocar la extinción.

La noticia es un ejemplo de cómo en ciencia no existen campos demasiado separados entre sí: imágenes de satélite, que pretenden servir para estudiar los terremotos, acaban por aportar información interesante para la Paleontología.

"Esto sí que es un cambio, y no el climático"

Si hay alguna afirmación científica que haya sido despreciada, ridiculizada y utilizada como objeto de burla en los últimos tiempos es el aviso de que nos dirigimos a un cambio climático de consecuencias catastróficas. Aparte de las desafortunadas declaraciones de algún que otro político, nacional o internacional, o el desprecio hacia el problema que supone, por ejemplo, la frase que encabeza este texto, sacada directamente de un anuncio de radio, casi cualquiera se atreve a decir, en cualquier parte, que no cree en el cambio climático. ¿Puedo yo decir que no creo en los jueves? Pues eso.

El cambio climático es un hecho, no una cuestión de fe. Hoy por hoy, todas las instituciones científicas dedicadas al estudio climatológico están de acuerdo en que nos encontramos en un proceso de cambio climático. Lo mismo ocurre con organismos internacionales, como la propia ONU. Incluso los gobiernos menos dispuestos a tomar medidas para combatirlo están, hasta oficialmente, de acuerdo en señalar su existencia. En realidad, nadie discute, en círculos científicos, que el cambio climático existe. Lo que causa las disputas son las conclusiones que tenemos que sacar de este fenómeno.

Vamos a intentar aclarar algunos aspectos relacionados con el cambio climático. En primer lugar, decir que el clima es un proceso, un fenómeno dinámico, siempre cambiante. El cambio en el clima forma parte, necesariamente, de su propia naturaleza. Los registros fósiles nos muestran que nuestro planeta ha atravesado periodos más fríos que el actual, así como periodos más cálidos. Hasta en tiempos históricos las temperaturas de las zonas habitadas y conocidas han sido muy diferentes de las actuales: hace poco más de cien años, los sacerdotes suizos y franceses exorcizaban a los glaciares para que no entraran en sus poblaciones. Por el contrario, la Edad Media fue una época más cálida que la actual, hasta el punto de que en el valle del Rin era posible cultivar fresas. Un "poco" antes, la humanidad se enfrentó a una pequeña Edad de Hielo.

Otra cosa distinta es que la ciencia, por el momento, no ha conseguido explicar el mecanismo por el que se produce el cambio climático, aunque ya se cuenta con una teoría bastante satisfactoria. La hipótesis de Milankovitch explica, de una forma bastante ajustada, la periodicidad con la que se suceden los periodos cálidos y fríos en nuestro planeta, en función de diferentes cambios que ocurren en la órbita de la Tierra.
El cambio en sí es, entonces, un proceso natural. El problema es el ritmo. Lo que la mayor parte de los científicos afirman, entre ellos todo el grupo del IPCC (Panel internacional sobre el cambio climático) es que en la actualidad el clima terrestre está cambiando mucho más deprisa que en épocas anteriores de la historia de la Tierra. Y que esa aceleración del cambio (y esto es lo que empieza a provocar problemas, más políticos que científicos) se debe a la actividad humana.

En otro momento hablaré de las pruebas que sostienen que el hombre es el causante del cambio climático, y aún habrá también que dedicar tiempo a sus efectos, sin caer en el catastrofismo. Hoy toca señalar una noticia acerca del ritmo al que está ocurriendo el cambio: sabíamos que el hielo del hemisferio norte, sobre todo el del Ártico, se estaba derritiendo de una forma extremadamente rápida, hasta el punto de que en verano se encuentra una laguna a los 90º de latitud norte. También la pérdida de hielo en Groenlandia es rápida y constante. Ahora se publica que también se ha acelerado la pérdida de hielo en la Antártida, hasta alcanzar casi el mismo ritmo que en Groenlandia. ¿Quién no cree en el cambio climático?

Craig Venter y la "vida artificial"

En los últimos días Craig Venter ha sido noticia en todos los medios de comunicación, que afirman más o menos que ha conseguido crear "vida artificial". O, al menos, así lo han vendido los periódicos y las televisiones. Pero, ¿quién es Craig Venter y qué es exactamente lo que ha hecho?

Venter es uno de los principales responsables de la secuenciación del genoma humano. La firma de un acuerdo entre los organismos públicos de investigación y su empresa permitió acelerar este proyecto quizá en más de una década, con el avance que eso supone. Sin embargo, no es fácil entender qué significa ese logro. Para intentarlo, vamos a utilizar una metáfora.

Imaginemos que el genoma (es decir, la totalidad del material genético de un organismo) es una especie de cuadro de gran tamaño. Nosotros nos encontramos en una habitación muy pequeña, de forma que estamos muy cerca de él y no podemos verlo entero, así que somos incapaces de apreciar la imagen global del cuadro, aunque sí vemos algunos de sus detalles. El proyecto genoma consistió en trocear el cuadro, como si fuera un puzzle, y observar cada una de las piezas en detalle. Ahora mismo, lo que se ha conseguido es precisamente eso, tener un gran puzzle genético de cientos de miles de piezas y poder ver los fragmentos de imagen que hay en cada una de ellas. Los siguientes pasos son fáciles de imaginar: reconocer cada imagen y situarlas dentro del puzzle, hasta que nos hagamos una idea del conjunto y del papel que cada trozo juega en la composición del cuadro.

¿Qué ha hecho Venter en esta ocasión? Bueno, podríamos decir que ha encontrado la imagen central del cuadro y ha conseguido montarla a partir de las piezas del puzzle que tenía. Por lo tanto, lo que sabemos es cuáles son las piezas fundamentales para configurar la imagen central. Esto nos permite intuir cuáles son los genes imprescindibles para conseguir que un ser vivo pueda funcionar. Está claro que no es lo mismo que crear vida que, en nuestra metáfora, sería tanto como coger pinceles y pinturas y pintar un cuadro nuevo, pero para cualquiera que haya intentado hacer un puzzle también es evidente que hemos avanzado mucho para poder resolverlo. Seguramente, como ha reconocido el propio Venter, aún "sobran" algunas piezas, que tienen solo fondo del cuadro, y el futuro inmediato de su trabajo consiste en limpiar ese fondo, los genes que no son imprescindibles, y crear un organismo mínimo, con el menor número de genes posible.

Podemos exprimir un poco más la metáfora del cuadro y el genoma. Igual que pasa en una pintura, en todos los genomas hay partes que no corresponden a las figuras del cuadro, sino que solo forman parte del "fondo". Sin embargo, esto no significa que sean, como se ha dicho en ocasiones, regiones "basura" o "vacías". ¿Os podéis imaginar un cuadro sin fondo? Es evidente que la composición quedaría incompleta, desequilibrada. Pues algo así les pasaría a los organismos si se suprimieran esas regiones de su ADN. También por eso es importante el trabajo de Venter: sin duda nos ayudará a entender qué función desempeñan esas regiones de los genomas para los organismos.

Y todo esto, ¿para qué? En primer lugar, para conocer. El hombre ha buscado siempre entender lo que le rodea, porque es nuestra forma de adaptarnos a nuestro entorno. Pero, por supuesto, también hay un interés mucho más material, más aplicado; la técnica de Venter seguramente facilitará crear organismos "de diseño", que hagan por nosotros cosas que ahora son más o menos imposibles. Se ha hablado, por ejemplo, de organismos capaces de eliminar contaminantes "comiéndoselos", o de "secuestrar" dióxido de carbono, para combatir el cambio climático.

Aunque también hay que decir que hay otras líneas de investigación que han avanzado mucho en esta tarea, utilizando técnicas de ingeniería genética más comunes. Así que aquí y ahora ya existen organismos de genética modificada que se utilizan en la lucha contra las mareas negras, algunos de los cuales se están investigando en España, o que toda la insulina que se emplea en el tratamiento de la diabetes es producida por bacterias, a partir de genes humanos.